domingo, 19 de diciembre de 2010

La corriente:

Algunas veces siento que vivo en un continuo río. Siento que la corriente me lleva, me ahoga, me congela… siento que no soy libre, que siempre he de seguir el mismo recorrido.

Algunas veces siento que no hay nada más. Nada más allá.

Quisiera poder sentirme a gusto. Seguir ese curso, para llegar a la desembocadura. Pero mi alma desea ver nuevos paisajes. Desea recorrer otros ríos, nunca llegar a la desembocadura.

Solo hay una meta posible, y mi río no llega a ella.

Todo el mundo me llama iluso. Adoraría poder quedarme en mi río, sentirme en paz y armonía, sentir que es mi hábitat.

Es muy duro el tener que empezar de nuevo. Es muy duro intentar que los demás te entiendan y no encontrar ni pizca de entendimiento.

Desearía poder terminar de una vez…

Otros antes que yo abandonaron el río, y también se les tacharon de ilusos.

Si ellos consiguieron irse, lograr sus sueños… sus objetivos ¿por qué no yo?

Nunca pensé que sería tan duro, pero estoy dispuesto a ello.

Por ahora, lo único que puedo hacer es coger los remos, y seguir intentando no llegar a la meta equivocada. Seguir intentando llegar a mi propia desembocadura, a mi propio fin… y con él, a ti.

domingo, 21 de noviembre de 2010

El nacimiento de una estrella.

Hay días tristes, y otros días aún peores. Hay días emocionantes, con millones de aventuras. Hay días espeluznantes, donde a cada paso no puedes dejar de temer lo que haya atrás. Y también, días melancólicos, en los que te viene a la mente las estrellas que contemplaste ayer.

Quiero hablaros de esos días en los que, de la nada, ves ese brillo, dejándote ciego por un momento. Ese precioso día, en el que andando por la calle, una nueva estrella te ilumina, te daña la vista y te vuelve loco. Loco de amor.

Siempre andaba buscándola, recuerdo, ahora que la hallé. Siempre trataba de obligarme a verla, a descubrirla y, olvidar con ella las estrellas de un pasado. De nuevo, Cupido me la ha jugado, regalándomela cuando menos imaginé que llegaría.

Tú, posible estrella que me invitas a pensar, a viajar, a enloquecer, gracias.

No sé si algún día lograré alcanzar dicha estrella, enamorarla radicalmente. Por ahora, viajeros galácticos me enseñan sus métodos, pero todos me parecen ridículos.

Quizás lo más fácil sería ser yo mismo, armarme de valor y contarte las mil y una cosas que podría llegar a pasar… o tal vez no.

Solo el tiempo lo dirá.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Transmigración otoñal.

¿Que por qué escribo tanto últimamente? Será que estamos en mitad de la estación donde las musas recorren las manos de los escritores, bailan para los ojos de los pintores y cantan a los oídos de los músicos.

Será que estamos en pleno otoño, esa estación en la que todos nos desprendemos de nuestras capas antiguas, teñidas de colores marrones, para intentar sacar una nueva faceta que nos venga mejor en las próximas estaciones.

Intento desprenderme de lo negativo mediante palabras, desprenderme de todo lo referente a tu persona, desprenderme del exterior y centrarme en el ‘‘yo’’. Luego, desde ese ‘‘yo’’ buscar las cosas relativamente importantes.

Para deshacerme de ello, hago las típicas acciones que hacen los malentendidos con el amor. Bailo debajo de la lluvia, sintiendo como cada gota me arranca la sensación de tus dedos en mi piel. Salto en los montones de hojas secas, para oír ese estupendo sonido que producen, olvidando las melodías que generabas tú. Observo los centelleantes relámpagos, y esas tormentas tan hermosas, y con su luz, intento borrar el rostro que guardan mis ojos de ti.

El otoño me ayuda, en cierto modo, a olvidarte, pero temo que después del invierno, llegue la primavera, reavivando todo lo olvidado, y haciéndome perder de nuevo la razón.

Perderla, incontroladamente, por ti.

sábado, 30 de octubre de 2010

Acordes de amor.

Lo mejor de la música son las maravillosas sensaciones que te pueden transmitir, como se acuerdan a tus estados de ánimo, haciéndose una contigo. Una especie de polvo musical.

Me encanta no saber que me preparará la siguiente canción de mi reproductor, puede que me transmita la alegría que necesito para continuar adelante, o que me haga llorar melancólicamente, y con ello, desahogarme de los problemas acumulados.

Me encanta tirarme horas y horas oyendo canciones y perdiéndome en diferentes mundos. Mundos de hierro y roca, donde te vuelves frío como el acero; mundos de caramelo, donde te ablandas como una nube de algodón.

Lo más bonito de este mundo sería transmitir esas sensaciones a los demás, crear, con mi voz, un mundo entero para que explorasen todos los rincones de su corazón.

Y, sobretodo, cantarte a ti, hacerte vibrar, sentir y llorar. Contarte todas nuestras historias, tirarme la noche contigo, en la cama, mientras nos hacemos uno.

Tú eres mi música, tú eres mi voz.

domingo, 3 de octubre de 2010

Porque hace mucho tiempo...

No he almorzado. En su lugar he tomado un paquete de palomitas, dos yogures griegos con extra de azúcar, un tocino de cielo y un racimito de uvas.

Evidentemente, es domingo, otra semana más en la que llega ese día tan extraño, odiado por muchos y añorado por otros.

Para mí, tú eres como ese día, te odio, y otras tantas veces, te añoro. Tú fuiste cada uno de mis domingos, aquellos tan preciosos en los que nos teníamos que despedir en la Estación del Sur.

¡Cómo nos comíamos a besos! Y esas ocho horas pensando en ti en aquel infernal autobús.

Y ahora, sigues formando parte de mis domingos. Desgraciadamente, cada domingo dedico un tiempo a tus ojos marrones, otro tiempo a tu olor a mandarinas, otro poquito más a tus besos de terciopelo.

Cucharada a cucharada, voy recordando aquellos maravillosos momentos. Recuerdo cómo me mirabas, los dos tumbaditos en el césped. ¡Y aquellas horas en tu habitación! Nunca había sentido que un lugar fuera tan mío. Ese espacio de pocos metros cuadrados fue tan especial…

No puedo decir que los domingos sean horribles, antes no lo eran, y espero que algún día vuelvan a ser ese maravilloso día en el que mi corazón se sentía tan plenamente completo.

martes, 21 de septiembre de 2010

En búsqeda del chico fabuloso (I)

Fueron momentos que parecían segundos, nada era suficiente para aquellos chicos. Ni todo el tiempo del mundo, ni todas las horas del día, ni todos los días del año.

Si estaban juntos, el tiempo no pasaba, se detenía y coexistían en un espacio paralelo, construido exclusivamente para ellos dos, para esos momentos.

Hacía ya tanto que aquél chico dejó de visitar ese lugar, a menudo se imaginaba si seguiría existiendo o, por el contrario, murió en el mismo momento en el que ellos dos dejaron de ser uno.

Muchas veces sentía que ese lugar lo llamaba, y cuando eso pasaba, se tiraba horas y horas caminando, sin saber a donde le llevaban sus pies, tan solo andaba, con la esperanza de que acabaría encontrando dicho lugar. Tras muchos intentos se dio cuenta de que aquella forma era incorrecta, ni todas las caminatas del mundo conseguirían que llegara.

Cuando eso ocurría, buscaba alternativas. Buscó otros chicos, pensaba que quizás fuera un lugar diseñado exclusivamente para dos personas… era tan mágico aquel sitio, su dulce olor a mandarinas, sus estrellas únicas, su comodidad. Tampoco dio resultado.

Otras tantas veces pensaba que aquello había sido producto de su imaginación. Un lugar tan perfecto es imposible que exista, se repetía después de dar incontables vueltas en la cama. Ese era uno de los peores momentos. Antes, cuando se iba a dormir, soñaba con ese lugar, eran sueños preciosos, en los que al levantarte te sentías como en una nube de algodón. Ahora, tan solo tenía terribles pesadillas.

¿Cuánto tiempo tardaría en encontrar dicho sitio? Y si lo hacía ¿sería solo o acompañado? De momento tan solo podía esperar, quizás algún día, volvería.

sábado, 28 de agosto de 2010

Energías del espacio.

Sábado, el aire huele a húmedo, con él trae imágenes de olas en movimiento. Son las seis y nueve minutos de la tarde y yo acabo de despertarme. Tengo que ir a la compra, falta leche, champú, comida para gatos y algo más que luego tendré que buscar.

Las seis y diez y yo aún no soy persona, para ello me hace falta ducharme, vestirme, cepillarme los dientes y sonreír al mundo.

Busco el amor, cierto es, me encanta, y nunca dejará de ser así. Viejas heridas aún siguen sin cicatrizar pero eso no importa para arriesgarme a herirme otra vez. No tengo huesos de cristal y, a Dios fortuna, tampoco el corazón. Puedo resistir unos cuantos golpes más, creo que quizá cientos, porque siempre habrá alguien que me haga olvidar.

Tengo ganas de buscar agujas en un pajar, de buscar aviones entre las estrellas, de buscar figuras en el relieve de la pared y, sobretodo, de buscar amores imposibles.

¿Cuánto de imposible puede llegar a ser un amor? Uno de distancia, de desconocidos, de sabios empedernidos.

Relájate, me digo, no tienes que buscarlo precipitadamente ahora que lo quieres. Tan solo deja que ocurra, que se manifieste por arte de los astros. Deja que te rodeé y acabe llenándote hasta la punta de los dedos de los pies.

El amor no se busca, llama en tu puerta el día que menos pensado tenías recibirlo. Llega con unas cuantas rosas, con las que hay que tener cuidado para no clavarse sus espinitas, y con las que puedes disfrutar de su eterno manjar, ese olor tan imitado en los perfumes.

El amor… solo tengo dieciséis años y ya me atrevo a intentar escribir en palabras lo que es el amor… que ingenuo soy. Tantos años me quedan por delante. Tantas experiencias, cada una innovadora, fresca y placentera como ella sola.

Solo hay algo a lo que nunca debería temer: a enamorarme otra vez. Espero ser fuerte en las siguientes despedidas y poder seguir con nuevas aventuras donde la distancia entre dos cuerpos no existe, donde las barreras se pueden ir soplando al mismo tiempo los dos y donde Amelie busca ansiosa otra víctima a la que alegrarle el día.