martes, 6 de septiembre de 2011

Lo que el agua nos concedió.

Y cada noche te veré en el agua, en el reflejo de mi alma, en lo más profundo de mis pupilas difuminadas.

Y en ellas te esperaré, en ese mundo indeterminado y en continuo movimiento regido por las leyes naturales, donde tú y yo conseguimos fusionarnos, de nuevo, en el agua.

Nacerá de ella la imaginación de nuevos seres creados por la unión de nuestros labios. Bailarán en ondas circulares como al caer la piedra en la superficie del lago. Y las burbujas nos rodearan, mostrando en sus esferas imágenes de nuestras íntimas aventuras.

Los ríos vienen a nuestro encuentro y con ellos traen nuevas corrientes de sentimientos.

La lluvia precipita contra tu pecho y va mojando cada parte de tu cuerpo. Mi cuerpo transformado en precipitación va haciéndote paso a paso el amor. Cada caricia es caliente y a la vez provoca en ti escalofríos. Mi esencia se vuelve tu perfume.

Y mientras nos vamos sumergiendo en ese profundo mar en el que solemos gozar, poco a poco, el mundo alrededor se va esfumando y tan solo queda las vibraciones de dos almas palpitando la una por la otra.

martes, 19 de julio de 2011

El secreto del primer viajero.

Y los viajes empezaron aquel día. Era un día brillante, con una temperatura agradable y, sin embargo, no podía dejar de tiritar. También lo veía todo oscuro… solo recordaba la profundidad de esas pupilas diciéndole que nunca más lo volverían a envolver con la magia del amor.

Y comenzó la ruta. Una ruta a ninguna parte, como sus sentimientos, como su vida.

Empezó con la maleta ¿qué podría llevarse a un viaje que no significaba nada?

Decidió llevar una mochila con lo justo y necesario: dinero, ropa interior limpia y unas píldoras para calmarle el dolor.

Cuando tuvo que decidir cual sería su primer destino se derrumbó. Le venían a la mente todos esos lugares que quiso visitar con él y nunca hizo. Tantas promesas que ahora se convertían en cadenas para su alma.

Intentó acabar esta tortura y compró el pasaje para el primer avión que saliera.

Llevaba días sin poder dormir, desde que todo ocurrió no era capaz de cerrar los ojos, con el miedo de verle en sus sueños y de que su mente reproduciera una y otra vez ese intenso dolor que sentía.

En el avión el cansancio se hizo con él, arropándolo con frías y mojadas sábanas, envolviéndolo en el peor sueño de su vida.

De esta forma llegó a un país desértico, triste y vacío, como él. Para hospedarse decidió alquilar una caravana, no sabía cuándo acabaría cediendo al sueño y cuanto menos atado estuviera a un mismo sitio, mejor.

Y cogió la carretera, el conducir le ayudaba, podía olvidar por instantes cuan roto estaba su corazón. Eran carreteras largas, de éstas que se pierden en la frontera.

El paisaje desértico le animaba ¿cómo era posible que hubiera vida en aquellas laderas? Y aún así, la había… quizá pudiera sobrevivir, igual que los pequeños animales del desierto, a esta gran sequía por la que pasaba su vida. La naturaleza era sabía, se recordaba.

Paraba lo mínimo posible: para llenar el depósito y comprar comida. En algunas de estas paradas coincidió con extraños personajes que le daban grandes lecciones.

Poco a poco, los kilómetros limpiaban su alma y las largas noches en vela llorando se menguaban. Pero ni de esta manera conseguía borrar su recuerdo.

Una noche, mientras estacionaba en un paisaje montañoso bañado por las estrellas, llegó a la gran pregunta: ¿y si no debía borrar su recuerdo? ¿y si tan solo tendría que aprender a convivir con ello? Le era más fácil de esta manera.

Fue entonces cuando su viaje cobró sentido. Y así, emprendió rumbo a casa, una casa que se le pintaba más acogedora y añorada.

Ya estaba listo. Listo para afrontar la realidad. Listo para abrirle su corazón a un nuevo viajero.

domingo, 26 de junio de 2011

De ilusiones se vive.

Cuando era pequeño me dijeron que no me hiciera ilusiones, siempre esa frase. Yo, más tarde, decidí vivir de ellas.
Luego, descubrí que con ellas aprendía, que me enseñaban cosas que en los libros no aparecían.
También me hicieron daño, cuando, de repente, desaparecían dejándome solo.
Siempre volvían, incluso cuando ya creía que era imposible una nueva ilusión.
Y así vivo, viviendo una ilusión tras otra, y dispuesto a seguir así.
En mi naturaleza está vivir soñando, pero siempre con los pies firmes en el suelo.

La gran búsqueda.

Paisajes desérticos donde nadie parece sentir ni oír aquella hermosa voz del fondo. La gente está muda, nadie habla. Solo se oye esas melodías de un corazón roto.
Busco entre los viandantes algunos con muestras de oírla, con un gesto de estos espontáneos y naturales de sorpresa. La gente está sorda, nadie escucha.
-¿Seré el único capaz de oírla? ¿Acaso me estoy volviendo loco?
No puede ser posible, es verdadera, mágica y la siento, como muy pocas canciones me hicieron sentir.
Dándome por vencido, decido buscar de donde procede esa voz rota. Se oye por toda la ciudad. Sus notas llegan a cada rincón al que me traslado.
Esto es imposible, me digo. Poco a poco voy perdiendo la fe en ella. Debo de tener fiebre, me diagnostico.
Cansado, me limito a escuchar. Empiezo a escribir lo que me transmite, empiezo a pensar en ti. Tú, el amor, la fuerza que mueve el mundo, o, al menos, mi mundo.
Saco conclusiones, la voz me enamora, me hiela y a la vez me calienta hasta las extremidades. Entra por mi garganta como un chocolate caliente en invierno y recorre mi piel como una ducha fría en verano. Me da fuerzas.
Intento una última vez buscar a ese ángel. Ese mensajero del amor que intenta abrirnos los ojos. Quiero que el resto sienta la fuerza, sienta la pasión.
-¿Eres mi musa?
Cuando ya estoy apunto de desistir y darme por vencido, topo con él. Parece buscar algo, algo entre la gente.
Siento fuego en mi interior, mi estómago se achica y me hago pequeño.
¿Tú también la oyes? –me pregunta-. Sí… tú también la oyes –acaba afirmando.
Entonces la voz se apaga. Ya no se oye nada excepto los latidos exaltados de dos almas gemelas.

martes, 7 de junio de 2011

Y fueron muriendo los ángeles caídos:

Diluvio de emociones, todas desbordando mi ser.

Fuego ardiente, aire gélido, y agua congelada. El Apocalipsis que creaste va destruyéndome poco a poco.

¿Dónde está el Salvador? ¿Y ese ángel guerrero? ¿Dónde está ese amor capaz de calmar las temibles fuerzas de la naturaleza? ¿Dónde quedó lo nuestro?

Te busco entre medio de tanta destrucción, pero, a la vez, intento olvidarte.

Dejo que el fuego queme tus recuerdos, que el aire se lleve tus palabras y que el agua borre tus caricias.

Intento dejarme seducir por los diablos, olvidando lo mucho que sufro porque tú ya no estás aquí. Caigo en sus trampas y me permito devorar por sus alimañas. Es menos doloroso que enfrentarme a tu huida. Mis alas no tienen fuerzas para seguirte.

¿Será tarde para la salvación de mi mundo? ¿Tendré tiempo de volver a tus brazos?

En siete días se hizo el universo, en siete días te encontré para luego perderte. En siente días se destruyó nuestro mundo.

Siete… los días sin saber de ti.

lunes, 25 de abril de 2011

Samuráis del corazón.

No estoy mal. Ni lo estaré. Tengo claro lo que quiero…

No voy a aguantar miedos e inseguridades… ya va siendo hora de que los guerreros del amor dejen de ser inseguros luchadores destinados al fracaso.

-¡Me considero un gran guerrero! Leo el alma en las miradas… saboreo los sentimientos en los besos…

- Prepárate para un nuevo y difícil enemigo.

-Puedo esperarle… puedo dejar que las aguas se calmen… puedo dejar que su corazón vuelva a palpitar por mí.

- Quizás no haya sentido nada.

- Quizás no… pero quizás sí, tan solo necesite darse cuenta… aquí estaré… una de las mayores cualidades de la batalla es no ser impaciente.

No tengo miedo a un futuro… un futuro juntos o separados… si debemos estar juntos el destino se encargará de mover sus hilos… de mover montañas y mares… de unirnos otra vez.

sábado, 23 de abril de 2011

Tartas merengadas.

Manchas de chocolate llenan nuestros rostros. La nata adorna tu sonrisa, haciéndose el pastel más apetecible que en mi vida vi.
Nos manchamos de amor. Todo nuestro cuerpo cubierto de esa sustancia tan añorada por algunos pocos e infravalorada por otros tantos.
Besos dulces, caricias de sabor empalagoso y miradas melosas.
Nos dejamos hacer uno en medio de esta batalla de caramelos. Acabamos haciendo el amor durante toda la noche.
Finalmente, nos quedamos dormidos en un intenso abrazo. Solos, tú y yo.
Dulces sueños, amor.
Dulces sueños, corazón.